Tenía más o menos 8 años, una personalidad arrolladora, ojos verdes, sonrisa de oreja a oreja pero también unos kilitos de más. Me encantaba bailar, cantar, y hacer gimnasia olímpica… Era feliz, tranquila y una niña muy segura y extrovertida. Para entonces era inocente de la inclemencia de la sociedad, no sabía que algún día iba a ser valorada por mi aspecto físico por encima de las canciones que bailaba y cantaba con tanta gracia. Nunca en una clase me lo explicaron, tampoco me hablaron del valor que yo tenía como persona en este mundo y mucho menos a construir una vida de hábitos de sanos (pensamiento, cuidado propio, alimentación). Aprendí a leer, a escribir, a sumar y a restar… Que fuera bilingüe y supiera de matemáticas era posiblemente lo que más importaba en el colegio y seguro e inconscientemente en mi casa también…

Fui creciendo al rededor de muchas mujeres porque estudié en un colegio femenino, y más exactamente en un colegio lleno de prejuicios religiosos, donde me hablaron mucho de amar a “Dios” y respetar al prójimo y nunca de amarme y respetarme a mi misma. Así que siempre he tenido presente que no puedo irrespetar a los demás, ofender a los demás, criticar a los demás, pero que lo más importante es no hacerlo conmigo misma nunca me enseñaron…

Durante mi proceso de desarrollo y con “esos kilitos de más” empecé a vivir una vida de drama… recapitulando hoy, no recuerdo un año en el que no haya ido al nutricionista, no podría decirles los miles de planes alimenticios diferentes que inicié y fracasé, mientras mis papás hacían mil intentos porque su hija no estuviera “gordita”… El único intento que no hacían era darme ejemplo de alimentación y hábitos sanos en casa (pero a los papás y el ejemplo voy a dejarlos para otra entrada a mi Bloq). Y quiero aclarar que no culpo a mis papás, ellos siempre hacen lo que creen que es mejor para uno, a veces hasta sin discernir un poco que están eligiendo “lo mejor”estipulado por la sociedad… Y entonces crecí creyendo que era normal, que yo debía permanecer en la búsqueda de un físico aceptado para los demás y tenía un ¿cuerpo por mejorar?

El plan al parecer salió mal, ninguna dieta pudo hacer que yo consiguiera una figura 90-60-90. Después de tantos esfuerzos y con aproximadamente 15 años conseguí un novio, me lo había presentado mi mejor amiga, ella… Maria, si tenía el cuerpo que el mundo se soñaba para mi… Y después también tuvo el novio. Mi novio de entonces, me dejo por Maria y tras años y años de oír que yo era una niña con sobrepeso y de no tener mi mente en equilibrio, mi valor y amor propio fortalecido y sumado a que de pronto me habían dejado por un tema físico, caí en la anorexia. Para quienes no saben… La anorexia es un desorden alimenticio que se da en la búsqueda de mejorar la apariencia física y se causa generalmente por falta de autoestima e inseguridad afectiva.

Pasé de comer sin control a pasar mis días a punta de trident y bretaña, durante 3 meses seguidos fue lo único que probé. Me volví la mentirosa perfecta, en mi casa me inventaba las comidas que había tenido durante el día, conseguí aprobación y aplausos de los que me rodeaban porque por fin estaba consiguiendo habitar un cuerpo aceptado. En más o menos 2 – 3 meses bajé al rededor de 16 kilos. Los que me rodeaban creyeron que lo que no había logrado en más de 10 años de dietas y planes nutricionales por fin lo estaba logrando. Empecé a tener muchos cambios físicos y a pesar de mi delgadez, que llegó hasta 47 kilos de peso nunca logré verlo en el espejo.

Permanecí así hasta que por fin un día me dió bradicardia, se me estaba parando el corazón al parecer ya no era sólo por amor, era real… Mi corazón no estaba dispuesto a funcionar más, ya también fallaban mis uñas que se quebraban, se caía mi pelo por mechones y el genio nadie me lo aguantaba… Pero fue mi corazón el que prendió las alarmas. Recuerdo a Luz Ma la enfermera del colegio llorando frente a mi camilla, mi papá llegando al colegio hecho un manojo de nervios y al mismo tiempo sonaba la sirena de la ambulancia… Y mi mamá, que estaba en Pereira por unos días, conociendo la historia desde la distancia… Estoy segura que pensaba que hubiera preferido verme “gordita” pero aliviada.

Hoy a mis 35 años de edad, después de haber pasado por esto… Más otros 13 años de bulimia y otros cuantos tratando de autorepararme, amarme y recuperarme creo que nos falta la clase más importante… Estamos tan marcados por los estándares de calidad que debemos cumplir como personas: que ame a “Dios”, al prójimo, que sea flaca, que sea inteligente, que sea rica, que respete a los demás, que sobresalga, que no se equivoque… que olvidamos lo más importante.

Si hubiera tenido una clase donde me enseñaran a amarme, valorarme, respetarme y conocer sobre hábitos sanos desde pequeña me hubiera evitado un poco la fatiga de estos largos años, desde siempre hubiera conocido el valor de la salud y sabría que es más importante que mis órganos funcionen bien a saber sumar y multiplicar, que los pensamientos son el alimento del cerebro, que mantener una mente en equilibrio es fundamental, y en cambio saber inglés puede ser opcional. Sabría que si yo no me amo, me valoro y me respeto nadie podrá hacerlo y que estar bien conmigo es primero antes que “Dios” y el prójimo.

Afortunadamente aunque me tardé un poco ya se que somos seres cambiantes, emocionales, en evolución y que esto hace que el cuerpo permanezca también en acomodación, también entendí que mi mente no puede ceder el poder porque el poder está dentro de mi no afuera, que el resultado físico está más ligado a mi pensamiento que a mi alimento, que si no me amo, me valoro y me respeto por encima de los demás… No he entendido nada! Y que definitivamente nos faltó la clase más importante en el colegio la de autoestima y valor personal.


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