Confieso que fracasé varias veces antes de terminar este artículo, también que esta parte del texto la incluí al final y que el texto completo lo cambié varias veces cada que tropezaba con diferentes historias de personas y situaciones personales que me hacían replantearme a cerca del fracaso.

Desde pequeños crecemos de alguna manera atormentándonos con la palabra fracaso, considero que es algo con lo que no sólo yo… ¡Todos luchamos! y entonces vienen todas las directrices de cómo ser, pertenecer, estar, hacer parte de esta sociedad y así nos empezamos a exigir una cantidad de conductas, va creciendo nuestra lista de chequeo y hasta dejamos de cumplir nuestros sueños para no quedar mal y evitar ser eso tan aterrorizante… ¡FRACASADOS!

En mi reciente viaje a India, me sorprendí mucho cuando nuestro guía Vj (un amor por cierto) nos habló de sus 3 Dioses principales: Shiva, Brahma y Vishnu. En especial Shiva llamó mi atención porque para ellos es el Dios Destructor. ¿Destructor? en milésimas de segundos vino a mi mente (como puede estar llegando a la tuya)… “como un Dios, que se supone es algo bonito, positivo, algo a lo que nos aferramos, puede tener un significado negativo?” y mientras mi mente maquinaba esa duda, Vj nos explica: “Es destructor de las cosas negativas del universo, destructor del odio, del mal, del ego, de los pensamientos negativos, la mala energía”. ¡Que lindo! pensé, una palabra que para mi toda la vida ha tenido una connotación negativa, la puedo ver ahora de esta manera. 
Y entonces entendí exactamente lo que nos sucede con muchas palabras o cosas a las que nuestra mente por algún pensamiento o alguna razón le da una connotación positiva o negativa, y al fracaso me atrevería a decir que sin excepción, la connotación que le hemos dado es negativa.

Mientras escribo esta entrada al blog llevo al rededor de siete meses en crisis después de la separación de mi matrimonio y la toma errada de decisiones en mi negocio que consumieron parte de mi capital y afectaron mi estabilidad económica, esto sumado a unos meses en los que he cuestionado mi vida en varios aspectos, principalmente lo que realmente me apasiona y además he enfrentado situaciones que me han hecho autoindagarme sobre mi coherencia y valores. En palabras más comunes en este momento podría ser perfectamente una fracasada… Estudié una carrera que nunca he ejercido, a mis 35 años ya cerré una empresa de la que sigo asumiendo responsabilidades, y ahora estoy pasando por dificultades en mi negocio actual (otro emprendimiento), me casé y tuve un matrimonio que sólo duró 4 años y hoy estoy aquí escribiendo divorciada, con dificultades y teniendo casi que empezar de cero. Eso sin contar los cuestionamientos, opiniones y señalamientos del índice derecho de algunos que me conocen y he tenido que ir esquivando…

Entretanto el universo me da la oportunidad de hablar con muchas personas… Oír las historias de otras personas divorciadas, unas cuantas casadas… unas muy felices otras no tanto, aguantando. He podido reunirme con empresarios y emprendedores, de todos he aprendido, todos narramos un cuento y la mayoría no sólo uno, sino varios “FRACASOS“… pude oír entonces también las historias de sus “finales” y sus comienzos, del punto de quiebre donde tuvieron que volver a empezar y como han llegado a donde están. Todos pasaron por diferentes procesos pero también todos tienen un punto en común, de esos momentos tan duros que pasaron ya sólo quedan los viejos capítulos escritos de su libro, los originales hablan de nuevos amores, grandes ideas, inimaginables oportunidades y empresas construidas a partir del aprendizaje capitalizado gracias al fracaso. Y entonces recuerdo una frase de mi hermana Claudia (que amo y admiro profundamente), en uno de estos momentos de crisis me dijo: “Esa es la vida Caro, pagamos grandes sumas de dinero por ir a estudiar: colegios, universidades, especializaciones, etc. El aprendizaje de las experiencias vividas y de las derrotas son más costosas porque se pagan con frustración, tristeza y dolor pero también enseña mucho más que lo aprendido en un salón de clase”, esa frase nunca la voy a olvidar, porque además mis aprendizajes capitalizados han sido en su mayoría de las cosas que he tenido que guerrearme en esta vida.

Así que nace mi intento y ganas de empezar otra vez de cero, mi primera acción es ahora, reprogramar mi cabeza y la forma de darle connotación a las palabras, las cosas y las situaciones y aunque con todo lo anterior considere que la palabra “FRACASO” no requiera una explicación adicional para lograr una nueva connotación, estoy dispuesta a dejar aquí lo que para mí es hoy el significado de esta palabra. Sin embargo antes quiero decirles que para cambiar el significado también he cambiado la forma en que veo lo que me está sucediendo y es por eso que agradezco cada una de estas experiencias. Agradezco el hecho de haberme despedido de mi expareja con amor en el momento oportuno, con agradecimiento, muy buenos recuerdos y respeto mutuo, esto para mí cambia el desenlace de las historias convencionales, reconocer que las cosas no están bien, que no se pudieron solucionar y que continuar puede ser un distanciamiento presente con el que puede hacerse daño es definitivamente un acto de gallardía. También reconozco y agradezco las enseñanzas recibidas por los riesgos tomados como emprendedora, las lecciones aprendidas y no aprendidas porque no puedo negarles que hasta el momento repetí muchos de los mismos errores cometidos en mi anterior empresa, sólo que en el presente de pronto más madura y consciente me he abierto a oír lo que antes no quería oír, y a ver lo que tampoco quería ver. Seguro contaré una nueva historia y evolucionaré en los pasos avanzados en este camino de ser mejor empresaria, ajustaré las decisiones tomadas para la evolución de mi negocio y para rematar aprovecharé lo aprendido para avanzar en mi camino de ser mejor persona. Quizás nada de esto lo hubiera logrado sin llegar a este punto. De esto no voy a recibir un aplauso, de pronto menos un título pero les aseguro que ¡SÍ! me siento como recién graduada… Esto queda para mí, y para compartirles aquí como aprendizaje, ¡No hay mejor diploma!. 
Y como tengo la deuda de dejarles mi nuevo significado, aquí reto a la real academia de la lengua a hacer los ajustes necesarios.

FRACASO: Experiencia adquirida a través de los intentos fallidos y las vivencias personales, en las que se conoce o aprende una o varias maneras diferentes de hacer mejor las cosas.

Bienvenidos a una nueva forma de ver el FRACASO, tenle miedo a no intentarlo, NUNCA MÁS a fracasar. Y quédate pendiente por aquí, porque pronto te dejaré las enseñanzas más importantes que me han quedado de mis fracasos empresariales.

Categorías: Empoderamiento

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