Parece una redundancia, pues la bulimia es en realidad una enfermedad de la mente. Las personas que padecemos o hemos padecido esta enfermedad comemos compulsivamente, a lo que comúnmente se le llama atracones de comida. Luego, llevamos a cabo prácticas para evitar subir de peso. Las más comunes son: vomitar, purgarse con laxantes, hacer ejercicio físico excesivo y sentir ansias y desespero cuando no se practica. De ese modo viví durante 13 años. Vomité cada uno de los bocados que llevaba a mi boca, compraba tarros de laxantes para mantener en mi bolso y el deseo del deporte era insaciable, al mismo tiempo comía desesperadamente, sin filtrar el tipo de alimentación que consumía. Entre más daño me hiciera parecía mejor, y el resultado siempre era el mismo… Terminar buscando la manera de expulsarlo de mi cuerpo.

Recuerdo estar sentada en Crepes & Waffles pidiendo comida que iba a vomitar a los baños del lugar por tandas, primero pedía un crepe, después un waffle y por último el helado más grande (Festival, creo que se llama) y cada que terminaba un plato corría al baño y devolvía (ya de manera natural) todo lo que comía. Parece un chiste, un invento, hoy ¡ME PARECE MENTIRA!!!! lo cuento y parece irreal, pero no… No lo es. Así tal cual era, es uno de mis relatos más ciertos y sentidos, sentido porque hoy me hace sentir orgullosa y feliz de poder estar aquí escribiendo esto de MUJER a MUJER desde la mujer en la que me transformé y la consciencia que cree. Y antes que trates de intentar lo anterior como una equivocadísima solución a un problema de autoestima, amor propio y sobrepeso… quiero pedirte que continúes leyendo, porque lo único que el vomito y la bulimia lograron fueron estragos en mi salud.

Lo cierto es que si vomitaba comida… No alcanzas a imaginarte la cantidad de pensamientos tóxicos que vomitaba mi cerebro. Para mi cerebro nunca antes valí la pena. Me duele aceptar que para el no había una mujer menos valiosa, un ser más despreciable. Y de esa manera lograba creer que el resto del mundo me veía igual, eso generaba en mi sentimientos de rabia contra las personas, resentimientos injustificados y una sensibilidad nivel Dios frente al mundo. Pasaba mis días enojada conmigo, con las personas, con la vida. Recuerdo tantos momentos frente al espejo gritándome lo despreciable que era mientras aruñaba mis brazos y mi cuello hasta ver salir sangre. En medio de esos ataques en muchas ocasiones grité a mi mamá y llena de ira, le tiraba la ropa que sentía me iba quedando un milímetro más ajustada. Aquí debo explicarte que antes fui anoréxica, y al hacer la transición de no comer nada a comer algo y vomitarlo mi cuerpo también empezó a cambiar.

Esos pensamientos acompañaban mi cerebro todo el día, parecían las pantallas de las oficinas de las bolsas de valores que escupen números sin parar o el ruido ensordecedor de los pitos de los carros en un trancón. Mi cabeza no paraba, mi enfoque eran mis puntos débiles, me comí el cuento que tener estrías o celulitis o no estar de acuerdo a un estándar era un defecto, no se en qué momento mi mente empezó a prestarle atención sólo a la parte física y a darme una valoración aislada como persona. Metió en el baúl de los recuerdos la mujer afortunada, juiciosa, trabajadora, llena de energía, echada para adelante, social, alegre que era y la cantidad de cualidades para valorar que tenía, además también las cualidades físicas que solo hasta hoy 7 años después de empezar mi proceso de transformación reconozco.

Después de 13 años de hacerlo, en noviembre de 2012 vomité físicamente por última vez… Pero lo que había cambiado en realidad era la manera exagerada de mi mente vomitar nocivamente tantos pensamientos equivocados y autodestructivos. En el libro “El Éxito No Es Casualidad” de Tommy Newberry habla de los GENIOS y un genio es además de muchas otras cosas el que usa a su favor el principio del punto fuerte “Concéntrate en tus mayores virtudes y haz que tus puntos débiles se vuelvan irrelevantes” y sin haber leído de esto antes y sin conocer el principio después de varios sucesos que les he contado en otras de mis entradas empecé a aplicarlo. Mi mente dió un vuelco completo, dejó de usar en contra los puntos débiles para usarlos a favor, los reconozco, entiendo en qué me afectan y cómo los trabajo o supero. Hoy me siento segura de mi, de la mujer que soy, de la transformación que he logrado y segura de decirte que la mente debe estar más en forma que el cuerpo, que mente, cuerpo y espíritu no se trabajan por caminos separados. Que con una mente débil puedes lograr bajar de peso, usar métodos comunes como dietas, lipos, inyecciones, masajes, etc… Y así mismo volver a subir, pero con una mente fuerte logras compromisos contigo, con tu salud, con tu vida y son para toda la vida.

De la bulimia no puedo decir que no me quedó nada, la verdad muchas experiencias y aprendizajes para contarles hoy, pero el resultado que busqué conseguir a través de la enfermedad nunca se dió. Lo único que logré es una voz ronca que ya será así para siempre, un malestar en la garganta que permanece, pólipos que siempre debo hacerme revisar y mi voz que amaba porque en realidad, amo cantar, perdió gran parte de su encanto. Se que muchas no vomitan físicamente, pero viven sumergidas en la bulimia mental que yo padecí. Trabaja y ejercita tu mente, saca la basura que haz echado ahí. Como un músculo, la debes trabajar y fortalecer diario y limpiarla como a tu casa, ten lista la escoba para cuando tengas que barrer tanto mugre que a veces dejamos entrar. Y desde aquí, desde este texto, de esto que estás leyendo… Te aseguro! Tienes más malesa en tu cerebro que defectos.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *